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El recuerdo - raftapp

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El recuerdo

Roger Casado Roger Casado | 3 min read
2 years ago

Tenía la mirada perdida en un punto fijo debajo de ella,
donde había una saliente que servía de techo a un anexo
que le habían hecho al edificio en donde vivía. En el primer
nivel, donde recientemente habían instalado neumáticos para
Vehículos de motor, ella vivía 8 pisos más arriba del techo de
ese anexo en el noveno piso, eran edificios viejos de más de 30
años de construidos en Sham shui po, Kouloon, Hong Kong
son de color blanco hueso y de vieja pintura parecían fantasma
en las noches y en los días nublados.

Igual que ese había varios idénticos al parecer construidos
por el gobierno o la misma compañía constructora, yo
también vivía en uno igual en el noveno piso justo al frente
de ella, los sábados en la tarde me dedicaba a limpiar mi
pequeño apartamento, corría las cortinas, abría las persianas y
al compás de una cerveza y música de mi tierra. Iba realizando
los quehaceres, cuando abría a veces la ventana, estaba ella
arriba mirando hacia abajo, otras veces llegaba sin yo darme
cuenta después que yo abría la ventana, por breve instante la
miraba buscando sus ojos que parecían dos letras “C” lógico
por sus rasgos físicos netamente orientales, su cabellera negra
caía sobre los hombros y un mechón sobre la frente.

Su piel amarilla junto a la blusa blanca que siempre llevaba
puesta, le daban un aspecto de tristeza y soledad parada en la
ventana.

Es difícil tener amigos por no decir imposible en países que
han crecido bajo la doctrina inglesa como es el caso de Hong
Kong, donde ni siquiera el compañero de trabajo te invita
nunca a visitarte, todo hay que resolverlo en las horas laborales
o en el rato libre de comer, donde vive solo el conserje del
edificio un señor que esta vigilando siempre dentro del edificio
para ver quién entra y quién sale, te saluda y hace una que
otra pregunta corta, por lo general en su lengua materna chino
cantones y raras veces en inglés.

Yo había vivido en dos ocasiones en Hong Long, por lo que
entendía un poco de chino cantones y más el inglés con la
fonética nasal con que hablan el inglés Yon chinos. Raras veces
no creo Jo haya, sino más de tres, me senté en la puerta de
entrada de mi edificio a mi izquierda saliendo de mi edificio y
en un espacio que nadie podía sospechar.

Una puerta metálica tapaba una serie de objetos de plomería
nuevo y usado, lugar donde el encargado de plomería del
edificio tenía su guarida, luego un callejón que separaba
el edificio donde el vivía del mío. Por este lado nueve pisos
más arriba vivían yo y luego de cruzar el callejón, el anexo
construido en el otro edificio en su primer nivel nueve pisos
más arriba vivían la chica, a mano derecha una señora con
una neverita colocada en la cera vendía te, jugos, refrescos, y
cervezas, también cosía y planchaba, al lado de ella una joven
tenía un negocio de música y electricidad de vehículos.

Un poco más allá un taller de mecánica de motores, luego
un negocito parecido al de la señora que cosía sin realizar esa
Última tarea, en su lugar vendía confitería, ocupaban toda la
parte frontal de mi edificio.

Dos veces intercambié palabra con el técnico de música, dos
veces le compré cervezas a la viejita y me la tomé ahí mismo,
una vez le pregunté al guardián que si tenía mucho tiempo en
ese edificio, me respondió que recordaba muy bien la fecha,
le dije bueno uno por lo general recuerda fechas importantes
quizás usted deseaba mucho este trabajo, me dijo que no, que
no era por eso, que él comenzó a trabajar el sábado 10 de mayo
del 1997, justo el mismo día en que una chica que vivia en el
edificio al lado del mío se lanzó del noveno piso y cayó en la
saliente en donde ahora está el negocio de neumáticos.

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Tom Ehrl Tom Ehrl | 1 year ago
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